Si no se sospecha de ninguna alteración
antes, las edades recomendadas de realizar la exploración
visual son:
- A los 6 meses de edad: el objetivo es detectar
cualquier amormalidad ocualr o visual que pueda estar presente
des del naciemiento o que pueda parecer justo después.
- A los 3 años de edad: a esta edad
ya se puede realizar un completo examen optome´trico
comportamental, le objectivo del cjal es comprobar que la
visión del niño se está desarrollando
adecuadamente.
- A los 5 años de edad, justo antes
de iniciar la educación primaria: el objetivo es saber
si el niño está preparado visualmente para iniciar
la etapa escolar, donde tener una buena visión es esencial
para poder conseguir tanto una buena habilidad en la lectura
como en los diferentes aprendizajes.
-
Durante la etapa escolar es conveniente realizar
un examen visual al menos cada año. La
visión puede padecer cambios frecuentes durante los años
escolares; una de las disfunciones visuales más habituales
es la aparición y progresión de la miopía
y por otra parte la existencia de problemas acomodativos y binoculares
puede afectar al rendimiento escolar.
Es
necesario tener en cuenta que muchas revisiones visuales
sólo evalúan la posible presencia de errores refractivos
(“graduación de la vista”), la mayoría
NO exploran habilidades visuales importantes como la coordinación
entre ambos ojos (visión binocular), la capacidad de enfoque
(acomodación) o las habilidades de procesamiento de la
información visual.
Es necesario realizar a
los niños un examen optométrico comportamental que
evalúe en profundidad las diferentes habilidades visuales.
Solo así el optometrista tendrá la información
necesaria para poder ofrecer:
1.
Prevención,
de la aparición de posibles problemas visuales. 2.
Asesoramiento y actividades
para estimular la visión del niño y garantizar un
rendimiento visual óptimo. 3.
Rehabilitación de las disfunciones
visuales detectadas a través de terapia
visual y/o prescripción de lentes.
4. Comunicación y coordinación
con otros profesionales si es necesario, para asegurar que el niño
logre su máximo potencial.