La visión es nuestro sentido más
dominante, de hecho, hay más áreas del cerebro
dedicadas a la visión (70%) que a todas la demás
modalidades sensoriales combinadas (30%).
Por
lo tanto, la
visión no consiste en dos globos oculares que
dicen a la persona qué ver sino que es la habilidad del
cerebro de recoger para recoger información a través
de nuestros ojos, procesarla y obtener un significado para poder
actuar.
Más del 75%
de todo lo que el niño aprende le llega a través de
la visión.
La
pregunta clave que necesitamos responder es la siguiente: ¿el
sistema visual de su hijo le está ayudando o está
interfiriendo en la consecución de un buen rendimiento en
la escuela y de su máximo potencial?; ¿y qué
gasto de energía le supone al niño realizar una determinada
tarea?
A
menudo, en las exploraciones visuales tan solo se evalúa
la salud de las estructuras oculares y la capacidad de ver con
nitidez detalles situados a distancias lejanas. Ambos
aspectos son muy importantes pero nos dan una información
muy limitada sobre el sistema visual del niño.
Si nos centramos a este punto solo podemos saber si el niño
tiene una buena “vista”,
pero no sabemos realmente como funciona su sistema visual y no
sabemos si le ayuda o interfiere en sus aprendizajes.
Por
ejemplo:
- ¿cómo sé si el
niño tiene unas habilidades visuales que le permitan leer
más rápido, con menor esfuerzo, comprendiendo mejor
lo que lee y reteniéndolo durante más tiempo?
-
¿cómo sé si cuando practica un deporte su visión
es suficientemente eficaz?
-
¿cómo sé si un niño que escribe de forma
poco pulcra puede mover el lápiz adonde quiera y la velocidad
que quiera?
-
¿cómo sé el porqué un niño no
copia bien una figura?
Para entender cómo
un niño usa su visión es necesario evaluar las diferentes
habilidades que componen el sistema visual y que están directamente
relacionadas con el aprendizaje escolar.
Les habilidades
visuales necesarias en la escuela, además de una
buena agudeza visual de lejos y de cerca, son las siguientes:
MOTILIDAD
OCULAR
Es la habilidad de mover los ojos sin
esfuerzo, con rapidez, suavidad y precisión; por
ejemplo los movimientos oculares que realizamos cuando leemos.
ACOMODACIÓN
Es
la capacidad visual de ajustar el enfoque en un objeto a
cualquier distancia.
BINOCULARIDAD
Es
la habilidad de usar ambos ojos conjuntamente, como un equipo,
de forma suave, idéntica, simultanea y precisa; sólo
así se podrán unir las imágenes formadas
en cada ojo en una imagen única y nítida (estereopsia:
percepción en 3 dimensiones).
INTEGRACIÓN
VISIÓN CENTRAL -
VISIÓN PERIFERICA
Es
la habilidad de ver e identificar un objeto particular sobre
el que se fija la atención y a la vez ser conscientes
de lo que nos rodea.
HABILIDADES
VISUO-PERCEPTIVAS
Son
las habilidades que permiten organizar e interpretar la
información que se ve y darle un significado: discriminación
visual, figura-fondo, constancia de formas, memoria visual,
memoria visual secuencial, cierre visual y relaciones espaciales.
HABILIDADES
DE INTEGRACIÓN
VISUO-SENSORIAL
Una
vez recogidos los datos visuales, estos se procesan y combinan
en el cerebro con información procedente de otros
sistemas sensoriales: habilidades de integración
auditiva-visual, de integración visuo-motora.
HABILIDADES
DE
MOVIMIENTO GENERAL
Habilidades
de conocimiento del propio cuerpo; conciencia sensorio-motora
del cuerpo: habilidades de integración bilateral,
de integración entre el sistema de equilibrio y el
visual y lateralidad y direccionalidad.
Problemas
visuales en alguna de estas áreas pueden causar un impacto
significativo en el aprendizaje, ya que afectarán directamente
a como aprende el niño, como lee y como mantiene el esfuerzo
que supone el trabajo en visión cercana.
Muchos
niños que tienen dificultades en la escuela tienen, además,
problemas visuales que están interfiriendo negativamente
en su aprendizaje, los cuales, si se detectasen, se podrían
tratar.
Por
ello es importante que tanto padres como educadores estén
alerta de los síntomas
que puedan hacer sospechar que el niño padece un problema
de visión, de procesamiento visual o de desarrollo.
Es
conveniente realizar una exploración
optometrica comportamental al menos cada año
o más frecuentemente si hay problemas específicos
o factores de riesgo. Hay que recordar que las revisiones hechas
en las escuelas o en la consulta del pediatra no substituyen a
un examen optométrico comportamental.
El tratamiento de una disfunción
visual puede comprender el uso de gafas, de lentes
de contacto y/o terapia visual.
Así mismo, si está asociada a un problema de aprendizaje
es importante que el tratamiento sea multidisciplinar; en este
sentido, la comunicación y la coordinación con otros
profesionales (educadores, logopedas, psicólogos, etc.)
beneficiarán al niño y le ayudarán a superar
mejor su problema.